Como nos ocurre en estos últimos tiempos con frecuencia, las noticias aparecidas hace unos días en la prensa acerca de la situación por la que atraviesa la industria agropecuaria (tema sobre el que ya habíamos incidido no hace tanto tiempo), nos han obligado en el último momento a cambiar la temática de la presente carta.
En efecto, nuestra idea inicial era escribir este mes acerca de la compleja situación por la que está atravesando nuestro subsector vacuno de leche ante la evolución del precio que se está pagando a los ganaderos por sus producciones, y de su más que complicado futuro ante la presión que están ejerciendo (y sobre todo van a ejercer) en el mercado algunas zonas productoras del este de la UE.
Así, esta presión, o mucho nos equivocamos, o va a dar lugar a corto-medio plazo, si no se actúa en consecuencia ante la situación del binomio "oferta-demanda", a un importante "efecto dominó" en el oeste de la Unión, especialmente en la Península Ibérica (entre otras razones, por nuestra relación "costes-calidades" y por nuestra realidad geo-económica), con todo lo que ello puede llegar a suponer para nuestros ganaderos.
Pero la presentación a finales del pasado mes de marzo por parte de una industria cárnica catalana con tres mataderos, con un pasivo oficial de 99 millones y más de 450 trabajadores, de un concurso de acreedores (la antigua suspensión de pagos), nos ha obligado, como ya comentábamos al inicio de estas líneas, al mencionado cambio.
Tal vez, lo más preocupante de esta francamente negativa noticia para todos es, que de acuerdo con las informaciones de que disponemos y la actual "rumorología sectorial", esta situación, originada por la falta de crédito de la empresa, la retirada de los fondos de financiación por parte de las entidades financieras y, sobre todo, por la imposibilidad de renegociar su deuda (un ejemplo más de que las entidades bancarias han adoptado, velando ante todo por sus propios intereses a corto plazo, como no deja de tener su lógica en la actual situación económica, una posición muy crítica respecto a algunos eslabones de la cadena productiva de nuestro sector), está empezando a afectar también a alguna otra industria cárnica.
En este contexto, no cabe minusvalorar en este caso concreto el hecho de que el grupo cárnico afectado había realizado en estos últimos años una serie de importantes inversiones, por ejemplo, comprando dos mataderos, consecuencia, entendemos, de una política de expansión y consolidación.
Ello añade al comentario de lo sucedido, en nuestra opinión, un elemento más de preocupación, porque no deja de ser un síntoma evidente de los grandes cambios que está experimentado (y no para bien) la situación global del sector pecuario en España (que, a su vez, es reflejo de la realidad económica de la sociedad en general).
Es obvio que el origen primero del problema está en la falta de rentabilidad de la actividad empresarial del grupo. Pero el origen "profundo" de esta realidad, al margen de la idoneidad de la gestión realizada, que de entrada no hay por qué suponer que no ha sido la correcta (o al menos no tenemos noticias de que no haya sido así), hay que buscarlo, entendemos, en la tantas veces mencionada carencia en nuestros sector pecuario de unas verdaderas cadenas de valor.
Somos muy conscientes de que también en esta cuestión nos estamos poniendo muy pesados y que somos muy reiterativos, pero como comentábamos precisamente ayer en una pequeña charla que impartimos en un encuentro con el subsector del porcino Ibérico, la carencia de estas escalas de valor está asfixiando literalmente en no pocos casos al sector productor y, como venimos avisando desde hace muchos meses y desgraciadamente se está demostrando, también al sector industrial (y atención a medio plazo, con el sector de la distribución).
La falta de voluntad sectorial (gravísima y muy lamentable realidad), y la carencia tantas veces denunciada de una adecuada y consensuada política pecuaria global de calado con una visión a medio-largo plazo, constituyen en nuestra opinión "los vientos" que nos llevan "recoger estas tempestades" (y las que van a venir, mucho nos tememos).
Cuando un eslabón de la cadena pecuaria bien gestionado (condición sine qua non) no tiene margen real para poder rentabilizar su actividad (y da igual si se trata del sector productor, el más "sufrido" de toda la cadena, o del sector industrial, y atención aquí también a nuestra industria láctea), las consecuencias a corto-medio plazo son desastrosas, porque van deteriorando y disminuyendo el "tejido sectorial", elemento básico para la "salud económica" de nuestra ganadería y, por ende, del país.
En este contexto no se olvide, por favor, la enorme importancia logística que tiene el sector agrario, que es el origen insustituible de nuestros alimentos, aunque desgraciadamente en España, aparentemente, llevamos mucho tiempo habiéndolo olvidado (si tiene usted alguna duda acerca de esta afirmación repase por ejemplo, por favor, el último debate sobre el estado de la Nación o recuerde el "invento del MARM").
En fin, de verdad que lamentamos no poder escribir de una manera más positiva en esta primavera del 2010, pero al parecer nuestro sufrido sector pecuario sigue sumido en el duro y prolongado invierno que nos ha tocado vivir este año, y nuestra obligación moral en estas cartas es en primer lugar la de exponer "nuestras" verdades, por duras que ellas puedan llegar a ser, y por gravosas que a nivel personal puedan llegar a resultar.
Estimado amigo, salimos dentro de unas pocas horas por razones profesionales para Centroamérica, pero esperamos, si Dios quiere, reencontrarle a usted en estas mismas páginas en nuestra próxima edición.
Un saludo cordial y afectuoso.
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