"Seguimos manifiestamente desenfocados y mareando la perdiz, pero parece que la política agraria fundamentalista común de la UE empieza a ser contestada"
Estimado amigo, lector de Mundo Ganadero: me va a permitir usted que enlace la presente carta con la del mes pasado (que por cierto, ha tenido una repercusión mediática que ni nosotros mismos esperábamos), a través del concepto del Desconocimiento (con mayúscula).
Verá usted, acabamos de regresar de una serie de viajes profesionales, y en todos ellos de una forma u otra ha surgido en los pasillos, en los almuerzos o en las cenas (que suelen ser momentos de encuentros, charlas y reflexiones) el complejo tema de lo que se ha dado en llamar, a nuestro modo de entender de forma absolutamente desafortunada, en algunas instituciones (y también en algunos medios sociales de comunicación social, que ejercen de caja de resonancia), "el modelo agrario europeo".
En nuestra opinión, de lo que deberíamos de hablar aquí es del "modelo anti-producción agraria europeo". Un modelo (si se puede calificar como tal), creado de forma "anti-natural", a base de una serie de normativas, cada vez más abundantes, complejas e ineficaces. Unas normativas impulsadas no en pocas ocasiones por "lobbies" de dudosa enjundia en sus conocimientos técnicos (para expresarlo de una forma suave) y con intereses alejados de los del sector primario. Una maraña normativa surgida, en su gran mayoría, en Bruselas y en los despachos de unos burócratas cuyo desconocimiento de la realidad agrícola y agropecuaria de la Unión (y del mundo) es, a los hechos nos remitimos, digno de un "Oscar a la pazguatería". Y todo este complicado y caro entramado, empezando por las ONG implicadas, no lo olvide usted por favor, lo pagamos los contribuyentes de la propia UE.
Todo ello comporta, como tantas veces hemos denunciado, que un número considerable de las mencionadas normas (empezando por las que se refieren "política UE sobre los OGM"), sean realmente ejemplares y dignas de estudio, por su carencia de sentido agrarista y/o zootécnico.
Podríamos empezar aquí con la absurda temática de las "harinas animales", incluyendo el tema del "canibalismo" (¿?), seguir por un buen número de normas aparente y erróneamente referidas a la mejora del binomio "bienestar animal-seguridad alimentaria" (por ejemplo, huevos puestos sobre suelo o las importaciones de productos pecuarios realizadas de algunos Países Terceros) y continuar con los temas referidos a la sanidad animal y a la cuestión medioambiental.
Bien es verdad que afortunadamente se empiezan a oír voces disonantes y críticas, altamente cualificadas, como las del catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de nuestra Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos de la Universidad Politécnica de Madrid, Francisco García Olmedo, sin duda una eminencia en su campo de conocimiento, que habla con razón del "avance en la domesticación de las plantas (y también podríamos incluir aquí a los animales útiles) a través de la ingeniería genética", o las del señor Modibo Traore, director general adjunto de la FAO, que en la Conferencia Internacional sobre Biotecnologías Agrícolas en los Países en Desarrollo celebrada en Guadalajara (México), afirmó que "la biotecnología moderna y convencional ofrecen importantes herramientas para el sector agrícola, incluyendo la pesca y la silvicultura" (totalmente de acuerdo).
Pero es más, el señor Traore también afirmó que "las biotecnologías aún no han tenido un impacto significativo en la vida de la gente en la mayoría de los países en desarrollo" (absolutamente de acuerdo y también diríamos nosotros: tampoco en los ciudadanos de la UE, a causa, en nuestra opinión, de la ignorancia de la mayoría de nuestros dirigentes, políticos y técnicos, y no nos referimos sólo a los organismos modificados genéticamente, que quede claro).
Paralelamente, también empieza a haber hechos positivos en nuestro país que llaman a la esperanza. Así, nuestro Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, a través de su Dirección General de Recursos Agrícolas y Ganaderos, se ha reunido con representantes de la producción agrícola y ganadera, con la industria y la distribución agroalimentaria, para presentar y analizar el documento de la UE titulado "Impacto de las Normas Comunitarias en la Competitividad del Sector Primario y Agroalimentario" (documento que le ruego encarecidamente lea y cuyo origen está en diciembre 2008, cuando el Consejo revisó las condiciones en que se importaban los productos agrarios de Países Terceros y solicitó a la Comisión que preparara un informe de la situación, incluyendo propuestas, ver www.eumedia.es/portales/files/documentos/Fax-20100304111721.pdf).
El documento pone el dedo en alguna de nuestras llagas, pero no expone los verdaderos orígenes de las heridas. Filosofa, muestra algunos caminos a seguir, pero no afronta de verdad las soluciones que demanda la compleja problemática existente (pero, "algo es algo" y como dice aquel adagio, quien no se conforma es porque no quiere... o no puede, como es nuestro caso).
También el MARM, otra noticia positiva, ha preparado un informe en el que señala que para mejorar la competitividad del sector agrario (¡atención!), la PAC debe incidir en el marco normativo (totalmente de acuerdo, pero desde el propio MARM ¿qué han hecho o han podido hacer de útil en estos últimos años en este sentido?); en la reciprocidad de los acuerdos comerciales internacionales (una pura entelequia frente a productos que reúnan condiciones correctas de seguridad alimentaria. Parece que no se asume el papel protagonista de la OMS frente a la OMC); y en la adecuada retribución de los agricultores y ganaderos. Absolutamente de acuerdo, claro que sí. Pero por ejemplo: ¿dónde están estructuradas las verdaderas cadenas de valor? Estas cadenas que han de implicar normativamente desde el sector primario hasta los consumidores, garantizando márgenes económicos dignos en cada eslabón de la mencionada cadena.
En nuestra opinión, seguimos manifiestamente desenfocados y "mareando la perdiz", pero por lo menos parece que la que nosotros denominamos "política agraria fundamentalista común" de la Unión Europea empieza a ser contestada, aunque cierto es, muy tímidamente, "desde dentro" (que es lo verdaderamente importante, ¡claro!).
Como dice un buen amigo nuestro y maestro permanente, veterinario y ganadero por más señas: "seguimos miccionando fuera del plato". Y añadimos nosotros: "sí, pero, por lo menos, parece que vamos empezando a intentar miccionar en la dirección correcta".
Estimando amigo, igual estamos equivocados, pero la esperanza no debe perderse nunca, aun cuando escribamos acerca de la UE y de su dichosa PAC.
Cierto es, que muchos de los problemas señalados tienen su origen en el desconocimiento y la ignorancia. Como docente no dudo en significar que no es fácil corregir situaciones originadas en ellos. Pero, por denunciarlo una vez más, que no quede.
Un abrazo y ¡feliz entrada en la primavera 2010!
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