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Incremento de la salud intestinal en lechones recién destetados (I)
J. Riopérez y M. L. Rodríguez-Membibre
Núm. 242. En Nutrición. Octubre de 2011
24-11-2011

La adición al pienso de aditivos fisiológicos favorece una correcta y equilibrada nutrición del lechón, asegurando un destete sin apenas incidentes y una rápida adaptación al medio en la fase de transición.

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Actualmente, existen en el mercado excelentes programas de alimentación, sin embargo el más conveniente y rentable será el que se aproxime a las necesidades nutritivas o se adapte mejor a la capacidad enzimática de los animales, tanto en el momento del destete como en las semanas posteriores al mismo.

Las condiciones intensivas actuales de producción definen un alto riesgo de enfermedades clínicas y subclínicas, por lo que tradicionalmente los veterinarios y ganaderos adoptan múltiples estrategias para erradicar las enfermedades infecciosas en el supuesto que un único agente infeccioso determine el desarrollo de la alteración clínica. La mayoría de las patologías digestivas de los lechones recién destetados tienen su origen en múltiples factores de riesgo, como son el propio estado sanitario, las nuevas condiciones ambientales, el estrés y sobre todo, aquellos relacionados con la dieta diaria y el nivel nutricional del pienso (Hampson et al, 2001).

En este enfoque y con el uso de tres piensos fundamentales (iniciación, pre-estárter y estárter) confluyen distintas alternativas para incrementar la salud intestinal o prevenir las enfermedades entéricas más frecuentes. La primera se haría a través de la administración de una dieta fisiológica y la segunda con la inclusión al pienso de aditivos complementarios o determinadas vitaminas y oligoelementos esenciales, que tienen por finalidad mantener la garantía de producción y uniformidad en todos los lotes de lechones, sin el concurso de los llamados antibióticos promotores del crecimiento ya prohibidos.

La eficacia de los antibióticos reflejaba la elevada influencia de la microflora intestinal sobre la digestión del pienso y sobre los índices productivos de los animales, hasta tal punto que la prevención de diarreas y la respuesta productiva a su adición es mayor cuanto peor es la sanidad de la granja, siendo prácticamente nula en animales gnobióticos (Fuller et al, 1983). En general, cualquier sustancia que se añada al pienso o medida terapéutica encaminada a sustituir a los antibióticos se debe orientar a la prevención de las infecciones subclínicas, a la reducción de metabolitos tóxicos procedentes de la flora microbiana y al incremento máximo de la absorción y utilización de los nutrientes disponibles.

En consecuencia, es de gran importancia conocer la microflora digestiva del lechón en el momento del destete, ya que la concentración microbiana en la digesta del estómago puede alcanzar hasta 107-108 por gramo de contenido, aumentar paulatinamente en el íleon hasta 109 y ser mucho más elevada en el intestino grueso 1010-1011 (Bach Knudsen et al, 1993). A la microbiota intestinal se le reconocen numerosos aspectos positivos como su contribución digestiva a través de la fermentación de sustratos resistentes a la digestión enzimática, la prevención y resistencia a la proliferación de agentes patógenos, el estímulo al sistema inmune, la síntesis de vitaminas, la reducción de gases y la mejor digestión y absorción de los nutrientes.

Normalmente, la población microbiana del tracto digestivo en un animal sano es relativamente estable, con presencia de bacterias muy beneficiosas (Lactobacilos y Bifidobacterias) y otras perjudiciales (Salmonella, E. coli). Tras dos días de destete y con los acostumbrados cambios bruscos en alimentación, manejo y condiciones ambientales, el número de Lactobacilos desciende, se incrementan notablemente los E. coli o los anaerobios facultativos, y se favorece la presencia y colonización de otros agentes altamente patógenos como rotavirus y espiroquetas, dando lugar a la incidencia y severidad de diarreas, infecciones colaterales, alteraciones hepáticas, putrefacción intestinal y deficiente absorción de nutrientes.

En definitiva, el programa nutricional para el destete de lechones que evite en mayor o menor medida las diarreas e incremente la salud intestinal de un animal tan joven se basa en tres conceptos fundamentales, independientemente de las exigencias del ganadero y de las necesidades y características de la propia explotación:

  • Conocer muy bien los factores de riesgo al destete (peso, consumo de pienso, estrés, pérdida de inmunidad materna, etc.).
  • Adaptar los piensos pre-estárter y estárter a la fisiología e incipiente desarrollo del aparato digestivo del lechón, conteniendo bajos niveles de proteína bruta.
  • Imponer un destete tardío (28 días) procurando lograr altos consumos de pienso lo más pronto posible.


Administración de dietas fisiológicas

El aparato digestivo del lechón está preparado para recibir leche materna (35% de grasa, 30% de proteína y 25% de lactosa) a través de numerosas tetadas (20-24/día) a una temperatura adecuada y con nutrientes de alta digestibilidad (Muñoz et al, 1998). Sin embargo, quien facilita la digestión de las proteínas y su posterior absorción intestinal es el alto contenido de lactosa, junto a la longitud de las vellosidades intestinales y a la acción conjunta de bilis y jugos pancreáticos, al elevar la producción de Lactobacilos y acidificar considerablemente el pH estomacal.

Por el contrario, en el destete con el comienzo de la alimentación sólida, descienden el nivel de lactosa y de ácido clorhídrico, disminuye el consumo de pienso y la producción de jugos digestivos junto a la atrofia de vellosidades (Cuadro I), siendo imprescindible la administración de una dieta fisiológica, casi similar a la leche materna, que compagine el uso de ingredientes específicos muy digestibles con la adición de aditivos nutritivos (vitaminas/minerales), sensoriales (aromas) y tecnológicos (acidificantes, probióticos) para lograr una rápida adaptación al pienso pre-estárter y alcanzar elevados consumos los primeros días de la transición.

El frágil equilibrio nutricional de los lechones después del destete se altera fácilmente al comer menos veces pero mayores cantidades de nutrientes, y junto a la carencia de enzimas proteolíticos que afectan a la digestión del pienso, gran parte del contenido gástrico pasa al intestino grueso sin digerir, aumentando las fermentaciones con riesgo de diarreas y disminuyendo los índices productivos durante la transición. Entre los ingredientes especiales para la fase de transición se pueden señalar a los carbohidratos, aminoácidos esenciales y ácidos grasos poliinsaturados.

 

Carbohidratos

La capacidad del lechón para digerir el almidón de los cereales es muy pequeña hasta el destete pero aumenta con la edad, siendo el desarrollo de su sistema enzimático muy dinámico (Ewing et al, 1994). Por lo tanto, el proceso acarrea problemas que derivan en un menor crecimiento de acuerdo a su potencial genético y a la aparición de las clásicas diarreas, ya que a excepción de la lactasa, la actividad enzimática en el intestino del lechón recién destetado es muy baja.

La primera consecuencia del cambio de leche por alimento sólido es la brusca caída del consumo de pienso y la gran movilización de las reservas grasas corporales acumuladas durante la lactación, siendo la presencia de carbohidratos fermentables en el intestino los responsables de alcanzar la máxima proliferación bacteriana y la concentración de ácidos grasos volátiles en el ciego y colon proximal, con liberación de productos nitrogenados dañinos para la mucosa como el amoniaco o el escatol.

La incorporación directa de lactosa o formando parte de leches y sueros lácteos junto al maíz extrusionado es la opción más eficaz para la elaboración de los piensos y diversos autores (Muñoz et al, 1998; Bertol et al, 2000 y Soede, 2005) indican que una dieta se hace más fisiológica cuando se enriquece con lactosa al menos durante los 14 primeros días post-destete, porque incrementa el consumo de pienso, el peso vivo, la ganancia diaria y el índice de transformación de los lechones durante todo el periodo de transición (35 días). Existe la posibilidad de sustituirla con idénticos resultados productivos por otros azúcares (sucrosa, fructosa) o melazas (Mavromichalis et al, 2001), aunque el porcentaje de inclusión siempre estará en función de la edad de destete, la adaptación al pienso y la estrategia de alimentación a seguir por el propio ganadero, ya que además de su contribución energética y de palatabilidad al pienso, altos porcentajes de lactosa inducen a un crecimiento importante de la microflora intestinal beneficiosa (Lactobacilos, Bífidobacterias) creando un ambiente competitivo que protege la flora nativa del intestino y limita la colonización de patógenos como E. coli, Clostridium o Salmonella, evitando las consecuentes diarreas.

La adición de lactosa a los piensos de iniciación y pre-estárter se hace imprescindible como fuente de energía y mejora de digestibilidad, con porcentajes de inclusión entre el 18-25%, que más tarde se reduce para llegar a niveles del 12-14% (Cuadro II). A sabiendas que los carbohidratos en función de su fermentación y propiedades físico-químicas constituyen el sustrato primordial de la flora microbiana y por tanto su principal modulador, es fundamental su incorporación a la dieta junto a la restricción de algunos ingredientes o la elección de modernos procesados tecnológicos que influyan en la salud intestinal de los animales.

 

Aminoácidos

Las necesidades de proteínas y aminoácidos esenciales son muy elevadas a esta edad, debido a que los músculos y tejidos proteínicos se desarrollan rápidamente en los jóvenes lechones y su disponibilidad a través de la ingesta de pienso es baja durante los días posteriores al destete.

Durante el periodo inmediato al destete es necesario formular dietas con apenas 17-18% de proteína bruta para evitar el mal funcionamiento intestinal, ya que al elevar el nivel de PB del 13% al 23% se observa un aumento en la fluidez de las heces y disminución de su materia orgánica, incrementándose el riesgo de diarreas. Heo et al (2008) observaron que dietas bajas en PB (17,3% vs 24,3%) disminuyen la incidencia de diarreas en los primeros 7-10 días post-destete sin apenas pérdidas en el consumo y peso de los animales, debido a una menor fermentación de proteínas, reducción en la producción de nitrógeno ureico y de metabolitos microbianos tóxicos como el amoniaco.

En general, dietas con utilización de aminoácidos cristalinos comerciales (DL-metionina, L-lisina, L-treonina y L-triptófano) y el empleo de concentrados o hidrolizados de proteína de soja reducen considerablemente la excreción de proteína y el impacto de problemas digestivos.

 

Grasas

El lechón recién destetado es un animal demandante de energía para su desarrollo corporal y para la maduración de su sistema inmunológico, siendo imprescindible la adición de grasa al pienso post-destete como fuente de ácidos grasos esenciales, sobre todo de poliinsaturados de cadena larga, al ser componentes importantes de los fosfolípidos estructurales de sus membranas celulares y actuar como precursores de las prostaglandinas y sustancias relacionadas con la salud intestinal. En general, se impone en las dietas un nivel mínimo de ácido linoléico, aunque en la práctica es difícil encontrar piensos con deficiencia en ácidos grasos esenciales que provoquen algún tipo de diarrea. Las grasas más utilizadas son el aceite de soja, girasol y linaza, por su insaturación, aunque la industria de piensos compuestos también puede ofrecer mezclas estándar específicas para la alimentación de lechones posterior al destete, que eviten los problemas digestivos derivados de este.

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